viernes, 20 de enero de 2012

-Carlos, tengo los pies hinchados-

el calor nos está carcomiendo hace ya rato. el aire está viciado. Estamos en la casita de yatay, esperando noticias.
No hay ventilador. se rompió la semana pasada. Intentamos preparar unos mates, como para sacarnos la angustia y de paso hacer algo, pero no se puede ni tragar de lo caliente que está el agua, la yerba se lavo y la modorra nos impide cambiarla.
Vemos al gato de mamá, que no para de dar vueltas, está alterado.
Creo, le vuelvo a repetir a Carlos, que los pies están hinchados por retención de líquidos, no me estoy hidratando bien y le cuento un poco del programa de radio que escuche esa mañana. Carlos, no me da bola, como siempre, entonces le insisto. pero sé que se aburre de escuchar estas historias porque le hacen acordar a mamá y lo hace ponerse paranoico y levantar el telefono para ver si hay tono y abrir la puerta en busca de noticias.

Pareciera que una eternidad pasa por cada media hora. salimos al balcon en busca de un poco de aire con la excusa de fumar un cigarrito. pero la humedad es incluso más densa que adentro y nos quedamos sin ganas de respirar a los minutos. la televisión no anda. Sé lo que Carlos piensa.

me pongo a tocar el piano. es lo único que siempre nos calma.

habría que preparar el almuerzo. no tengo intenciones de salir. hay un poco de queso y arroz. me las ingenio para cocinar algo. Por un momento me acordé de porqué quería ser cocinera de chiquita. es una felicidad pasajera, pero que ayuda, ayuda, me digo despacito mientras frio unos panes con ajito.

Tengo muchas ganas de hablar, de decir, de contarle a Carlos que pasaron en estos últimos veinte años, de que me de respuestas. pero no es fácil comunicarse.
sé que el también quiere contarme algo, está inquieto. pasa la hora. pasamos el calor más feroz.

-Graciela, ¿qué hacemos con la casa? ¿vos dónde estás viviendo?-
-no digas pelotudeces. la casa es de mamá-
-y vos no seas infantil-

nos ofuscamos como cuando teniamos seis años y dejamos de hablar.

Esta casa me trae muchos recuerdos, no de cosas que hayan pasado precisamente acá, pienso, sino de sensaciones. me acorde de mi personalidad. Igual una no tiene una sola personalidad, tiene varios personajes que va desperdigando y olvidando por el camino, acá yo me reencuentro con casi todas. chocan entre sí y andan correteando por toda la casa en busca de alguien que les de bola, que se las apropie, alguien que las use.

Carlos me saca de mi ensueño.
-GRACIELA. apurate. llamaron.

salimos corriendo, era la señal que estabamos esperando, ya no sabiamos que pensar, si era mejor esperar lo peor, si lo peor era realmente lo sano...

-Esperá. necesito agarrar el rosario de mamá antes de irnos.

Carlos cerro la persiana. el departamento oscuro me daba miedo, tenía un aspecto demasiado lugubre. el dijo que asi bajaba la temperatura y el ambiente estaba fresco para mama. se le cayo una lágrima pensando en que quizás mamá no existiera mas.
a mi no se me cayo nada porque yo tenia bien en clarito que las señoras como mama siempre caen bien paradas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog