sábado, 11 de febrero de 2012

borges me escupiría

en el bar
del fin del mundo.
me di cuenta
de que
a veces
hay que callarse
la boca
(ferme la bouche,
como decia mama)

me robaste mis obsesiones,
que son lo único que tengo.

yo me quede
desnuda
frente a todos
y se me lleno de porquerias la
cabeza.

ahora, condenada,
a sonrisita falaces
y cara de conjetura
ahora, condenada
a sí, gracias, pero no
a pastillas para los dolores de cabeza,
al insomnio.
me muevo
así,
condenada.

y lo que me mata
es que soy
exactamente igual
a cualquiera.


sabato tenía razon,
le digo despacito
a Julian.

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