Roquefort. Nuez y una chispa de canela.Basta de exquisiteces y snobismos. Sencillamente basta.Harta ya de fingir, se desnudo, lentamente se quito el vestido, los collares, el maquillaje, el perfume. Vio sus carnes gordas y flácidas, las que siempre disimulo a la perfección, sintió su olor natural: a muerte; admiro sus arrugas y sus bajezas.
Rompió el espejo, lloró.
La muerte, la carne, el asco, la quebraron. La trivialidad, la banalidad, la incerteza.
Agarró el perfume (el francés que le había regalado Mario) y se lo tiro encima, como intentando sumergirse, hundirse, ahogar en él todo presente. Desencajada se pinturreo la cara. Se coloco el vestido ¿azul o negro?, los zapatos apretados, el tapado de piel de mamá, y salió del cuarto.
La fiesta había comenzado.
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una cosita que escribi hace mucho y a la que siempre le tuve mucho aprecio.
jueves, 1 de octubre de 2009
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