cartas
Un señor triste mira la luna. No sabe bien por qué, pero se larga a llorar.
Una mujer sola y machacada por la incertidumbre de la muerte mira la luna, no sabe por qué pero se larga a llorar.
Una flor roja y verde, naranja y violeta me hace feliz. Todos los días la veo, esta sobre mi ventana. Es gracioso que sea tan rara y linda a la vez.
El perfume de mi madre me hace reír, tiene olor a fruta o a jabón o a mama, igual me gusta.
Cuando no se ni lo que digo ni entiendo lo que pienso, escribo cartas, cartas sin destinatario. Me gustaría encontrarlas algún día.
Bah no se, por ahí es mejor que las lea alguien, algún ser como el señor triste o la mujer sola.
El mar se lleva pronto las palabras, el sueño se apodera de mí y me duermo, pensando en todos y en ninguno.
promesas
Descalzo, descubro el camino. Avanzo poco a poco, pues mis ojos están vendados.
Mis pies se hunden en la arena y pronto me doy cuenta de que me estoy dirigiendo al mar, estrellas, estrellas. Puedo imaginarlas. Brillantes y relucientes, con sus miles de historias.
Sigo caminando.
Una señora triste y un hombre demacrado por la soledad, están sonriendo, leyendo cartas. Mirando flores azules, violetas y naranjas.
Mi madre me mira y dice que me ama. Yo la saludo y me hundo en ella, en su perfume, en su aroma.
Mi primera novia, el primer beso. El calor de nuestros labios.
Ya casi llego, siento el mar congelado, rozando la punta de mis dedos.
La canción suena. La maldita canción interminable. Me anima, me cuenta secretos de lugares mejores, me muestra mi vida y me dice: CERRAR LOS OJOS ES PERDER.

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