Para Lucas, quien me dijo aturdidamente:
“para chicos escribí, son lo más puro”
-Micaela, haceme el favor de vestirte que vamos a visitar a la tía Primi.
Micaela, niña portadora de unos inocentes ocho años, quiere llorar al escuchar esto, sin embargo debido a su pertenencia a la generación cibernética e impersonal, solo atisba a poner “:S” en el estado de su facebook. Ese símbolo para los desentendidos, significa la muerte total para los entendidos. Por lo cual, al regresar a su casa y abrir este sitio, encontrará breves comentarios de sus compartidores de edad, expresando condescendencia e inquietud.
La tía Primi es una mujer a la que Micaela, nunca ha visto en su vida, pero de la que ha escuchado hablar (y no de forma halagadora, precisamente). Todo empezando por su nombre y terminando por las anécdotas familiares y frases de ella, que comentan sus parientes, le desagradan.
“su nombre es lo mas terrible” piensa su pequeño cerebro, virgen de refranes y dichos
( aplicable a este caso:”las apariencias engañan”).
En fin, esta tía de la que tan poco sabe y ya odia, se llama Primitiva Josefa, la libre asociación nos llevaría a suponer que estamos hablando de un engendro de la era del australopithecus y de la inexistencia del fuego, o quizás también nuestra asociación este un poco más desarrollada y por ser mas realista, nos lleve a imaginar una campesina rusa de la época de stalin, gorda y matrona.
Todo esto y más pasa por la cabeza de nuestra pequeña, en el viaje en auto hasta la casa de la susodicha. También su memoria, recuerda el hecho que más la abruma de esta mujer, “ese” del que siempre habla su tía –la verdadera-, es decir la hermana de su madre. Esta historia es moneda corriente en todas las reuniones familiares( o por lo menos a las que asiste-no con mucha frecuencia-Micaela):Al parecer esta tía le había revelado el secreto de la navidad (omitimos este, por falta de pruebas) a su tía a una corta edad, arruinándoles esta y más festividades a la pequeña.
-Mica, ¿en qué pensas?
-en nada, má.
La tía Primi, por su parte, estaba bastante ansiosa por conocer a Micaela, aunque también estaba muerta de miedo. Primero, porque sabia por sus amigas (que tenían nietas) que los niños de “hoy en día” eran unos insolentes maleducados que la hacían pasar a una malos ratos. Ella no creía que esto fuera así, y segundo porque temía que la niña se aburriera, y ella esperaba que la acompañara algunas tardes-sobre todo en este momento, tan feo de su vida-.
En fin, en su casa no había computadora, ni juguetes y no podía adquirirlos por tan solo una visita, lo que si podía hacer era proveerse de los mas ricos manjares: tortas de manzana, pasas de uva, nueces, jugos tropicales, galletas de salvado y el revolucionario actimel-su ficha clave-(había visto en la televisión que todos los niños lo amaban).
Compro unas cartas, también para jugar a la escoba.
Llegaron. Primitiva Josefa sonrió satisfecha: eran puntuales.
Se saludaron cordialmente, recorrieron el interior de la casa, le halagaron la decoración, en fin este tipo de cosas que se hacen en las primeras visitas.
Luego se dirigieron a la mesa. Un mantel rojo la cubría, arriba la porcelana de su fallecida madre (la de Josefa, obvio) y unas canastitas llenas con lo que había comprado y unas jarritas llenas con jugos sabor “no sé lo que estoy comprando, ojalá estén buenos”.
los colores fosforescentes de estos, ya indigestaban a primera vista.
Nadie podía comer nada, todo estaba HORRIBLE.
-¿nena, por qué no comes? ¿No te gusta?
-re rico, pero no tengo hambre viste tía, justo cuando vinimos me comí un chocolate y ya estoy llena.
-pero que pena, voy a tener que tirar todo a la basura. No seas tímida, agarrate un poco de actimel, yo se que todos los niños lo adoran.
(La cara de pánico de Micaela, quien temía que su madre la obligara a beber algo, solo por cortesía, era comparable a la de una cantante que se olvida la letra de la canción que esta cantando)
-no tía, gracias, ando mal de la panza. (¡win! eso era infalible)
Lamentablemente para Micaela, no lo era, dado que su tía conocía los mil y un remedios para este problema tan “problemático”, valga la redundancia. Desde los batidos compuestos de verduras y huevos crudos (al escuchar su receta, Micaela añoraba el actimel) hasta la papa. ¡Si, la papa!. El método, que gracias a dios, fue el elegido.
La tía les comento que este remedio era aplicado por su madre en su infancia
( Imagínense eso, no existía ni matusalén por esos tiempos), la cual le aplicaba una papa ( blanca, pelada y lavada), en su vientre descubierto, esto según la creencia servía para quitar el dolor. Este se transmitía a la papa por osmosis ( o quien sabe cómo, pero esa palabra sonaba bien).
En fin, este método era el más inofensivo y fue el elegido.
de todas formas, era un aburrimiento total estar recostada con una papa sanadora y ¡helada! en su panza, para curar un dolor inexistente.
Al cabo de media hora, mica grito feliz: Gracias, tía, sos la mejor, se me re paso el dolor. (Claro si nunca había existido, chau papa, espero no volver a verte más salvo frita y con sal)
La tía las llevo a conocer el jardín. Este era hermoso y grande, completamente majestuoso, parecía una selva controlada ( Micaela vivía en un departamento, esto era lo más parecido al paraíso que existía en la tierra para ella).
Lleno de flores: rosas, rosas chinas, jazmines, amapolas, alegrías del hogar, petunias, margaritas y ¡un ciruelo!-ÑAM.
Las dos mujeres la dejaron sola y se fueron a tomar un té adentro, tenían que conversar temas de gente “grande”.
Micaela se dedico a observar TODO, detalle por detalle, hoja por hoja, hormiga por hormiga. Era perfecto.
Lo que más le gustaba era ese tendedero con forma de calesita, se subió extasiada a él y comenzó a girar. Bajo, a su lado, había un pequeño bebedero donde estaban posados dos pajaritos.¡un colibrí! comenzó a seguirlo, termino casi sobre las rosas chinas, no le gustaban, sin embargo en su abundancia le daban un acento oriental, estrafalario o exótico a todo el lugar.
Se puso un sombrero de jardinería y empezó a sentir todo ( oler, tocar y probar), que bien se veía la tierra húmeda, se revolcó en ella, con ella, -la naturaleza la llamaba-. Toda su época, su tecnología, su analogía, sus modismos,etc, desaparecían, solo podía oír la música de la felicidad. Era feliz.
-Mica, mica. ¿Qué haces ahí? te manchaste toda. jaja, miré tía, que linda la nena, toda llena de barro. jaja.
Micaela detestaba haber sido interrumpida en ese momento tan eterno y pacifico, tan “para siempre”.
-NO, NO, YO ME MUERO. NO PUEDE ESTAR PASANDO ESTO, NENA LLAMA A UN DOCTOR Y AGARRA LA MANGUERA. ESTAMOS PERDIDOS. LLAMA A UN DOCTOR, MARISA. YAYA.
-¿qué le pasa tía? es solo barro.
-NO, es veneno, todo el jardín esta lleno de hortal. Hoy lo heche y me olvide de avisarle. AY POR DIOS, LLAMA A UN DOCTOR.
Micaela no entiende nada, nadie entiende nada. Pronto hay gritos y doctores y ruidos molestos y llantos desesperados y palabras inconclusas y más lagrimas y más desesperación y mas hospitales. Pero a ella no le importa, porque ella está en el jardín, ella es el jardín, sigue ahí-feliz-ahora es parte de algo. real. palpable.
vital.

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