martes, 15 de enero de 2013



2
antes nos permitíamos el lujo
de hablar de la muerte
sin miedo,
nos permitíamos el lujo
de visitar un cementerio
sin que nos temblaran los tobillos,
pasábamos por la casa fúnebre y nos reíamos
del trabajo.
soñábamos con morir
y con las mil y una formas
de acabar con nuestro destino.

imaginábamos funerales
pomposos
con sexo y escabio.

antes nos permitíamos
más cosas
porque nos creíamos
que no era posible
escapar.

cuando de repente,
alguien abrió la contrapuerta y saltó
nos quedamos helados.


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