jueves, 3 de enero de 2013

¿año nuevo, vida nueva?



Todos los 31 de diciembre me permito un desliz en mi falta de creencia en algo superior y hago una lista de deseos para el año, aunque si los pienso más que deseos son metas que quiero cumplir. me las anoto y me dispongo a creer con toda mi falta de fe en que las haré realidad (con ayuda, claro, de una fuerza superior) el año siguiente.
Vil mentira que me digo a mi misma para sentir que el cambio de números en el calendario es en realidad un aire renovador que viene a cambiar mi personalidad que deja bastante que desear.
La primer cosa en mi lista y algunas más tienen que ver con lo fisico, cruel terreno desierto aun no conquistado por mi persona.
1- comenzar a hacer ejercicio. 
Es así que un día primero de enero a las 10 am, bajo de youtube un vídeo de abdominales…intento hacer una secuencia y me doy cuenta de que mi estado físico es peor de lo que me suponía  estás hecho mierda le/me/nos digo, peor que la ultima vez que te vi. Me enojo con mi zapan repleta de pan dulce, ensalada rusa y matambre de la abuela y hago un nuevo intento, miro atentamente el vídeo de la chica que parece tener los abdominales de oro; el “teacher” como dice el vídeo, recomienda mirar hacia arriba al realizar los abdominales -AH- exclamo, eso era en lo que me equivoque, yo miraba al frente, eso me debe haber cansado por demás (si claro, negra, deja los postres, exclama mi yo interior, que vive pidiendo esos postres a los gritos) intento nuevamente con la vista al techo, no loco, no hay caso.
Pego un grito, llamo a mi pequeño hermano, para que se me siente en los pies, me de un poco de charla alentadora y me ayude con el resto de la secuencia, el pibe quiere huir, hago los 15 y termino muerta…antes no me pasaba, que onda loco, asi voy al gimnasio y se me cagan todos de risa, cero aguante, digo lo que me falta es un poco de emoción, voy a poner música de gimnasio, la pongo, hago dos intentos más y hasta me duele estirar la panza, corro la colchoneta contra la pared,me pongo en posición zen y trato de respirar (ah sí porque el 31 entre tanto deseo de creer en algo me desvele leyendo un librito de yoga de mi abuela. un estalle, la conservadora de mi señora abuela leyendo esas 200 páginas de puro new age) respiro, pero no me concentro nada, me digo bueno es hora de la recompensa por el arduo laburo físico que hiciste (jah!) me clavo una sanguche de berenjenas ( a esta piba que le pasa? ni siquiera engorda en buena ley con un grasoso cuarto de libre o de helado, exclama algun no probable lector) había empezado bien, me había desayunado un durazno. otro día, será, es verano, tengo hambre. 

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