viernes, 1 de marzo de 2013


En el parque Rivadavia había una vez un chico que era el más lindo de todos. Yo me encontré con él y llegue tarde y temblaba porque no sabía si íbamos a tener algo! Algo de lo que hablar! Algo en común. En el colectivo pensé en contarle algo sobre unas monedas, pero cuando llegue, el me miro y tomo las riendas. Lo escuche, me confesó muchas de sus porquerías y lo gracioso o estúpido era que las compartíamos, nos sentíamos unidos en la mierda. Después comenzó a criticar mis teorías confabulatorias y se puso triste porque pensó que yo ya no lo quería, que él era para mi solo un tonto. Y yo lo deje abandonado en la calle de un poeta y después le escribi un poema. Pero nunca más me quiso hablar y nunca le pude contar la verdad de este poema, nunca le pude contar lo que había acá adentro, lo que contenía mi cabeza, que en palabras no se dice, sino que más bien se piensa.
Y él estrujado caminaba, pensándose idiota y yo estrujada caminaba pensándome idiota. Pero nunca caminábamos para el mismo lado y siempre nos chocabamos con otros que se pensaban idiotas.
Hasta que un día nos cruzamos y el me dijo que me odiaba.
Hasta que un día nos cruzamos y le pedi perdón.
Hasta que un dia nos cruzamos y desaparecimos, nos volvimos dos extraños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog